
Este día fue bello desde el amanecer, las ranas y los grillos gritaban sus últimos cantos de entrega al sol que atisbaba suavemente en el horizonte a aparecer, me pare pasivamente y batí las plumas de mis alas con un fuerte vaivén, era la manía que habia adquirido al despertar de las frías noches invernales; el hambre y la sed ya se manifestaban con sonidos guturales en mi vientre; abrí mis ojos y mire ampliamente el gran lago azul vecino a mi hogar, que ha esa hora emanaba una blanca horda de vapor, el puelche se encargaba de trasladarlo hacia el norte, produciendo una linda manifestación sobre el; dentro de esa espesura, divise a mis amigos; los cisnes, taguas y patos, ellos se alimentaban felices de verdes algas que sin mayor esfuerzo obtenían de la orilla sideral, esta gélida mañana la comencé con el aseo diario de mi nido, ¡limpie!; varias hojas removí, otras tanto ordene. Un queltehue salio disparado gritando sobre el pantanal el dia ya llego.
Luego de cavilar un momento; manifesté, con un espontáneo canto, ¡ya era hora de abandonar este hermoso laurel que tanta protección me había entregado y de agradable perfume me ha bañado!, trinaba de necesidad por mas espacio para volar y respirar, cada día que llegaba traia consigo mas seres dañinos que competian en desigualdad de condiciones conmigo; poco a poco me han quitado mis lugares predilectos de alimentación, un ejemplo latente es el recuerdo de ese viejo tronco de eucalipto con ubicacion privilegiada, donde acostumbraba por las tardes asolearme y por gracia; alimentarme de dulces lombrices que abundaban bajo el; desde allí, asustado, fui observando el avance del demonio rojo, avanzaba sin titubeos por las faldas de aquel bosque de producción, sus grandes estructuras de colores vivos, con raros y oscuros materiales intercalados, opacaban aquellos viejos árboles que tocaban con sus copas las nubes.
Saque algunos parásitos de mi cola, rasque mis amarillas patas y peine las plumas de mi verde cabeza juvenil, ¡me eleve!, con una pirueta vivaz me deje caer sobre un prado verde por ahí, un perro negro lo cuidaba distraídamente, dormitaba bajo su casa de metal, lo escudriñe por ultima vez y comencé a alimentarme lentamente; sabrosos gusanos y gordas lombrices fueron mi menú, estando ya satisfecha mi necesidad volé a beber a un turbio estero que cruzaba de oeste a este ese inmenso campo minado, bebiendo los últimos sorbos; recordé a mi amigo el zorzal mayor, cumplía un año mas, nació en este tiempo donde abundaban la lluvia y los gatos, ¡que miedo!; nos ívamos a juntar, como muchas veces a cantar el tema del “sueño” con el compás natural, que tanto nos gustaba disfrutar.
Había un problema; que traspasaba ese fecha normal; Era, pasar por donde vivía ese junco frágil y amarillo, esto siempre lo ocultaba con entereza, bajo el manto de finura, egocentrismo y altivez; me sentí atraído desde el primer día que lo conocí, eso no lo discuto, pero siempre existió un dejo de lejanía, miedos; era tan fuerte, distinto a los demás; ¡era raro!, yo un zorzal difumine y solitario, que volaba sin fija procedencia; engatusado de un arbusto sin mas, ¡frío y calculador!, nunca se quebraba, bailoteaba magistralmente bajo los acordes del viento invernal, hipnotizándome cada tanto con su alarde de pasión; recordando el primer día, quizás; me escudriño con certeza, porque varias veces me escupió mi amarga inseguridad.
Este día no le demostraría debilidad, inflando mí amarillo pecho de humildad, erguido como un ruiseñor, trataría de convencerlo de su soledad. Lo salude con explicita reverencia, mi ala derecha cubrió mis profundos ojos negros; el, pertenecía a la mas alta casta de vegetales, era un junco distinguido y provenía de las mejores semillas de otros mundos que quizás yo un ave autóctona nunca conoceré; como alguna vez me enumero.
¿Como estas?, con entupidos chillidos interrumpí, ¡bien! con una clara indiferencia de reina de panal me respondió. Cada día estoy mas poderoso y con el amarillo de mi cuerpo opacando a todos los demás, todo lo termino sonriendo amargamente, ¡quizás tenia razón!; igual algo raro lo note. El tiempo no pasaba en vano. Se había marchitado o era su pachotez?; pero mantenía firme su elegancia.
Como siempre; deseaba pararme en su tallo y bailar bajo el efecto de la brisa particular, quería tocarlo solo un segundo con mis alas, hacerlo sentirse un igual, pero como siempre se rehusó, volé a su alrededor y con el vuelo de mis alas la acaricie, creo que se molesto porque con un latigazo de angustia me ataco, me aleje y a la distancia parado sobre un maqui lo observe, por dentro a pesar del mal momento me alegre, lo había logrado o no?.
Mi amigo el zorzal mayor me esperaba con dulces frutos que le habían obsequiado y que mantenía en el suelo fangoso de un lugar especial, estaba acompañado de su compañera del alma una tierna y vivaz zorzal, era un agrado compartir con mis iguales, con mucha alegría le entregue en una hoja de avellano escrita toda mi admiración hacia el, la noche ya comenzaba a caer, el rocío invernal caía con pulcra magnitud, era hora de terminar, un día mas, así es, tómalo así le grite por ultima vez volando hacia mi escondrijo y de reojo mirando al resistente junco del reino del pantano.
Este día no le demostraría debilidad, inflando mí amarillo pecho de humildad, erguido como un ruiseñor, trataría de convencerlo de su soledad. Lo salude con explicita reverencia, mi ala derecha cubrió mis profundos ojos negros; el, pertenecía a la mas alta casta de vegetales, era un junco distinguido y provenía de las mejores semillas de otros mundos que quizás yo un ave autóctona nunca conoceré; como alguna vez me enumero.
¿Como estas?, con entupidos chillidos interrumpí, ¡bien! con una clara indiferencia de reina de panal me respondió. Cada día estoy mas poderoso y con el amarillo de mi cuerpo opacando a todos los demás, todo lo termino sonriendo amargamente, ¡quizás tenia razón!; igual algo raro lo note. El tiempo no pasaba en vano. Se había marchitado o era su pachotez?; pero mantenía firme su elegancia.
Como siempre; deseaba pararme en su tallo y bailar bajo el efecto de la brisa particular, quería tocarlo solo un segundo con mis alas, hacerlo sentirse un igual, pero como siempre se rehusó, volé a su alrededor y con el vuelo de mis alas la acaricie, creo que se molesto porque con un latigazo de angustia me ataco, me aleje y a la distancia parado sobre un maqui lo observe, por dentro a pesar del mal momento me alegre, lo había logrado o no?.
Mi amigo el zorzal mayor me esperaba con dulces frutos que le habían obsequiado y que mantenía en el suelo fangoso de un lugar especial, estaba acompañado de su compañera del alma una tierna y vivaz zorzal, era un agrado compartir con mis iguales, con mucha alegría le entregue en una hoja de avellano escrita toda mi admiración hacia el, la noche ya comenzaba a caer, el rocío invernal caía con pulcra magnitud, era hora de terminar, un día mas, así es, tómalo así le grite por ultima vez volando hacia mi escondrijo y de reojo mirando al resistente junco del reino del pantano.