
Recuerdo de mi furtiva niñez fue ver a mi robusto padre, zapatero de oficio, bebiendo sobre ese viejo sillón café, recordar como si fuera hoy, a mi madre, mujer abundante en tristeza; que por lo general, acostumbraba a pasar el dia encerrada bajo siete llaves, en esa lugubre pieza donde habíamos de dormir los seis. Mi padre ser malicioso gozaba de mirarme, tocarme y lo otro se lo pueden imaginar, en silencio sufria mi dolor, pero lo tengo que decir; me acostumbre, este miserable hombre siempre se la jugo por nosotros, lo odie desde que lo conocí, pensando en las vueltas de la vida finalmente me busque uno igual a el; nuestro barrio estaba enclavado en las faldas del cerro caracol, era un sitio que un capitalista olvido, pero tarde o temprano lo iba recuperar, frío en el invierno, moscas en el verano, fui creciendo y no pude estudiar, mis hermanitos me necesitaban, ya que mama postrada se lo pasaba. Un buen día de primavera las calles de Concepción salí a reconocer, era una forma de olvidar, chacabuco fue la primera calle que conocí, una arboleda y prados bañaban de verde mi andar, ansiosa seguí, hasta que asustada no sabia como volver, la oscuridad ya inundaba ese tranquilo sector, cuando empezaba a retroceder en búsqueda de mi hogar un tipo de bigotes, serio y de mal hablar, me pregunto: que hace una lolita como usted tan sola en este sector, camino respondí, me asuste, quizás el lo pudo oler, porque corriendo me comenzó a seguir, cuando la fatiga ya me comenzaba afectar, divise a cien metros de ahí un joven alto, paseando a su blanco perro, desesperada me abrace a el buscando mi salvación, gruesas lagrimas caían por mi mejilla, asustado pregunto: que te sucede preciosa y me acaricio, me sentí especial, fue un segundo donde ame al hombre, rápidamente lo solté, mire hacia atrás, el cretino se esfumo, me senté en la berma y grite, ¿porque?, me pareció que éramos amigos de siempre, no se como le conté mi vida, mientras hablaba sus ojos llenos de lagrimas me escucharon mi dolor, luego pensé en mi padre y le dije que tenia que volver, el quiso ir a dejarme pero me rehusé, contó que vivía en unos departamentos en calle san martín, no le tome mucha atención, dijo que medicina iba ser su profesión, lo felicite, desde ese día no lo olvide, su ojos tristes, su risa forzada, era un ideal, pablo me dijo que se llamaba, nos despedimos con un fuerte abrazo y creo que por unos pasos me siguió; ese día llegue a mi hogar, feliz, mi padre no estaba y mama calentaba unas legumbres. Los años pasaron y un día cualquiera mi padre me golpeo, lo ultimo que escuche nunca vuelvas ramera y escape, ya conocía las drogas y el alcohol, mis amigas me acompañaban en mis andanzas, arrendábamos un pieza en calle cruz, donde la bohemia de ese sector era mi pasión, un mal día que el hambre empezaba hacer mella en mi frágil humanidad, una compañera me dijo: yo a prendi a comer y sonrió; "acompáñame", no me negue, unas calles mas allá cerca de una bencinera nos paramos a mirar, no se de donde apareció un auto bello que con sus brillantes luces me invito a subir, desde ese día mi trabajo fue tirar, el dinero no me era escaso, mis clientes aumentaban indiscriminadamente, varias amigas me dejaron con envidia en sus rostros. Ese día Carlos dijo que había un cliente que me quería conocer, el departamento me lo pude comprar con ayuda de el, le dije no te preocupes amor, ¿ya pago?, el con una mueca respondió, cerca de las ocho va a llegar, nos vemos mujerzuela y fuertes carcajadas vomito, aproveche de limpiar la alfombra, asee el baño, la ventana que daba a la plaza de armas abrí de par en par, entraba una refrescante brisa veranial, pensar que varios pueblos conocí pero ninguno se comparaba a mi ciudad, tan fría en invierno y tibia en los minúsculos veranos, eran cerca de las siete y media, la puerta crujió, grite carlos eres tu, un silencio marco todo aquel sexto piso, tome valor y Salí, pregunte: ¿usted es el cliente?, el en llantos respondió: lo soy, rápidamente entro a la pieza y se tiro al sillón, incrédula de esa situación no supe como reaccionar, lo único que atine fue abrazarlo y preguntarle que le sucedió. Entre sollozos comenzó a hablar, mi mujer me abandono, en mi clínica una joven paciente falleció, uno de mis hijos grave esta, pablito me contó que era su nombre, lo mire y lo reconocí, el simplemente lloraba, sabes hoy creo que no te podré ayudar, llama a esta amiga ella te entenderá, y lo despedí…..
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