
Era una mañana normal del sur del mundo, niebla y frío, las mochilas cargadas, carpas y loncheras quedaron preparadas la noche anterior, revisadazas y certificadas por tres amigos ebrios jojojo, la ropa, utensilios varios; cuchillos, machetes y un arma un rifle a poston, creo de 5.5 milímetros con distancia de tiro 60 metros, los tres perros fueron alimentados consistentemente, eran igual numero a nosotros, duck, la negra y el mas cachorro el guardián, los tres de raza labrador, se me olvidaba decir que estábamos bien aperados de carnada para la pesca, la tarde anterior nos dimos el gusto de llenar dos tarros de lombrices habían tantas como para una cazuela, los peces se darian un gran festín truchas y salmones por lo que viejos pescadores habían de contar, cada uno se despidió de su respectiva mujer e hijos, ya cerca de las cinco y treinta de aquella turbia mañana, pronostico para esa tarde nublado con precipitaciones, eso no los intimidaba, subimos a la camioneta, una ranger, usada en excelente estado para ese tipo de aventuras, era de uno de los integrantes de la comitiva, los perros ladraban eufóricos moviendo la cola; solos se encaramaron en la parte de atrás, al fin partíamos al encuentro de la cordillera esa gran masa verde , unos cigarrillos mataban la ansiedad del momento, llegamos a las seis veinte a las mismas márgenes de esta, se veía tan bella y alucinante, divina, su suelo vegetal hedía un suave aroma a perfume floral, el estiércol de unos vacunos que pastaban sueltos por ahí le daban otro toque de paraíso, los huertos de acelgas y cilantro brillaban con el rocío de esa mañana, aparcamos ahí, la idea era recorrer a pie las fauces mismas de la cordilla, comenzó la travesía, los perros eran los primeros, ya se habían catalogado de ruteros, serian los que nos llevarían y traerían de vuelta, parecía que siempre habían estado ahí, se sentían cómodos; se sabrían el camino de memoria??? Una duda fugaz, que hermoso se veía todo, mis ojos impactados fueron detenidos bruscamente por unas trancas, le sacamos el alambre que la sostenía continuando ya sin ningún impedimento, que aire, limpieza, alguien lanzo un chiste y las carcajadas mataron el dulce sonido de trinos de zorzales y loicas, no había tiempo que perder, nuestra meta era entrar ahí y salir en un pueblo próximo pero al mismo tiempo lejano en uno o dos dias, no recuerdo bien sus nombres, llegamos a un punto en altura donde se divisaba el pacifico con toda la fuerza de sus olas y el brillo de su espuma el sol del medio día se encargaba de alumbrar, el pronostico nos acompañaba, estábamos atentos de la ubicación que manteniamos, una brújula era clave, caminando nos ataco el hambre unos boldos fueron la primera parada, era el lugar apropiado para servirnos el desayuno, huevos cosidos, yogurt, cereal, tomates, pan y café fueron los ingredientes, creo que tenían un sabor distinto, era la salsa que le imprimía la cordillera, sentados en el suelo nos dijimos que nos faltaba demasiado, hay que partir cada uno haciéndose cargo de sus implementos ahora con distinto peso creo, el barro rojo ese que abunda por estas tierras hacia mella en las botas que lo acumulaban en sus suelas y aumentaban su peso en un par de kilos, los perros ansiosos habían desaparecido solo quedaba el mas pequeño y cobarde, vigilante ante cualquier aroma y ruido, habíamos comenzado a entrar en la espesura, en el alma misma de de esta, la selva virgen, donde árboles nativos hacían de aquel cielo su espacio, canelos, arrayanes, maquis, ulmos, murtillas, dianas colgantes y muchos mas que no los podía reconocer, grandes telarañas colgaban de estos, en un minuto se oculto el sol, ya todo era de un verde oscuro y a veces claro dependiendo de la vaga entrada de los rayos solares, una suave llovizna marco el cambio del tiempo y las bajas temperaturas nos empezaron a golpear, lentamente como una caricia, era la cordillera en toda su expresión, una energía revitalizante llenaba mi cuerpo y no permitia absorver el cansancio, eran cerca de las dieciséis horas, hora apropiada para comer y descansar, una carpa fue nuestro cobijo, según nosotros llevábamos la ruta correcta fue una observación generalizada, comimos rápido y nos nutrimos con bastante agua para impedir la deshidratación, les hice el alcance que nos faltaba demasiado y el tiempo empeoraba, fue tomado como una prueba de mi inseguridad, les sonreí, además les recalque que nos quedaba poca luz, después de analizar la decisión fue seguir si o si, mientras estábamos a punto de reiniciar nuestra expedición una torcaza se poso en un arbusto cercano, fue preparado cautelosamente el rifle y manipulado por el de mejor puntería, se descargo el poston rompiendo el silencio con el golpe de aire, el ave cayo suavemente dando vueltas en circulo, pero no murió, rapidamente emprendio su uhida los perros observando esto exaltados salieron en su búsqueda nosotros mas atras, duck ya lo tenia en su hocico después de un zamarreo logramos hacernos de aquella presa, fue un momento de adrenalina, el ambiente a todo esto había cambiado drásticamente, kilómetros mas halla nos encontramos con un río, las ganas de pescar nos impidieron darnos cuenta de las condiciones abversas y falta de claridad de la ruta de misterio, tranquilos tiramos nuestros anzuelos, a alguien le pico y luego de una rebelde pelea del pez, salio al aire un precioso espécimen de salmón lleno de vida, después de eso nada mas, fue la suerte del principiante nos dijimos, estaba oscuro no se veía bien, los perros nos seguían de cerca, mojados y extenuados, nosotros en iguales condiciones, les dije paremos ya, eran cerca de la veinte horas, era hora de pensar un plan, que hacemos, nos volvemos o que???, nuestras mujeres estarán preocupadas, los celulares no tenían señal, propuse al que llevaba la brújula que revisara nuestra ubicación, desolador panorama fue cuando nos escupio la fea noticia la había perdido, hay que armar las carpas, nos quedamos acá propuso alguien, buena idea, comenzamos, el frío calaba fuerte los huesos, que podíamos hacer, ya estábamos perdidos, Nahuelbuta nos había embrujado, nos conquisto, tratamos de dormir pero fue imposible, la preocupación nos perjudico, a la mañana siguiente seguía el temporal, trataríamos de volver atrás, pero todo se había cerrado, la selva había recuperado su lugar, los perros no tenían la confianza inicial creo que el hambre ya les empezaba afectar, tratamos de encender una fogata pero fue imposible, decision unanime fue darles la torcaza a los perros y guardar el salmón para nosotros, los víveres habían comenzado a amainar, teníamos que asumir que estábamos perdidos, no teníamos que hacer, cansados no sentamos en una rocas, cuando el grito campesino nos despertó, eran unos arrieros, cual Ángeles se habían de aparecer, de ahí el desaliento tomo un nuevo rumbo, era nuestra salvación, vimos la luz el cuarto día que comenzamos nuestra expedición, la camioneta seguía en aquel sitio aparcada, nuestras familias nos esperaban llorosas y angustiadas, fue una linda y al mismo tiempo macraba experiencia, que recordamos cada vez que nos servimos algún wiski bajo el calor de una chimenea invernal…….
No hay comentarios.:
Publicar un comentario